Agroecología sin fronteras: juventudes, saberes y territorios conectan a Guatemala y México

Del 9 al 13 de septiembre de 2026 se realizó en Chiapas, México, el Encuentro Binacional México-Guatemala de Agroecología, bajo el lema "Conectando semillas y saberes sin fronteras". Fundación Tierra Nuestra participó como representante de Guatemala junto a sus organizaciones integrantes (Acomnat, Acadigef y Asodeco) y como contraparte de DVV International, en coordinación con organizaciones aliadas de la región transfronteriza Guatemala-México. Entre las entidades participantes destacaron el Jardín Cooperativo de Paz Itinerante, el Proyecto Salud y Territorio, Herbaluna (Medicina Tradicional), el Colectivo Ecoturismo Comunitario de Santa Rita Las Flores, IESII Proyecto Comunitario Buen Vivir, Centro Moxviquil y Semillero 259, Coragua (Tierra Corazón), Voces Mesoamericanas, Centro Agroecológico Familiar Luna Llena.

El encuentro convocó a personas jóvenes y adultas vinculadas a la promoción y práctica de la agroecología en sus territorios. Su objetivo fue recuperar experiencias y voces de ambos países, identificar aprendizajes comunes y explorar formas de fortalecer la incorporación de las juventudes a las prácticas agroecológicas. Más que una serie de actividades formativas, el espacio buscó propiciar el reencuentro, el intercambio de saberes territoriales y la reflexión sobre la relación entre las personas, la naturaleza y las comunidades. Para ello se combinaron diálogos, visitas de campo, círculos de saberes, recuperación de experiencias y construcción colectiva de acuerdos.

Entre las actividades más significativas se encuentran:

  • Visita al Espacio Agroecológico Luna Llena (Tenejapa): los participantes conocieron prácticas de siembra y cuidado del entorno, con espacios posteriores para sistematizar lo observado y transformarlo en propuestas aplicables en sus territorios.
  • Círculo de Saberes con la Abuela Lourdes, alrededor del Fuego Sagrado, que generó un diálogo sobre los elementos, las dimensiones del territorio y la relación de los seres vivos con la naturaleza.
  • Semilleros 259 Urbano (San Cristóbal de las Casas): experiencia donde niñas, niños y jóvenes promueven huertas, semillas y agroecología a través de expresiones creativas como el canto y el hip-hop.

Los intercambios también permitieron profundizar en prácticas concretas como la recuperación de suelos, el uso de baños secos y la gestión comunitaria del agua.

El proceso no se limitó al intercambio de experiencias: condujo a la identificación de retos comunes, la construcción de vínculos entre participantes y la definición de una ruta de continuidad, elementos centrales de la jornada de cierre. Como resultado, las organizaciones y participantes asumieron los siguientes compromisos:

  • Replicar técnicas sustentables en sus comunidades.
  • Impulsar la creación de una escuela itinerante.
  • Mantener activa la red de comunicación binacional, para compartir avances, fortalecer experiencias e incorporar progresivamente a más jóvenes.

Este encuentro no es un hecho aislado: se trata del cuarto Encuentro Agroecológico dentro de un proceso de intercambio que se ha fortalecido progresivamente entre Guatemala y México. Los encuentros anteriores sentaron las bases para construir relaciones, compartir aprendizajes y generar una dinámica de colaboración que hoy trasciende la realización de eventos puntuales.

La riqueza de las experiencias compartidas, el relacionamiento entre organizaciones de ambos países y, en particular, la activa participación juvenil, han consolidado esta iniciativa como un espacio transfronterizo cada vez más valorado. El reto actual es dar continuidad a los compromisos adquiridos, ampliar la participación y aprovechar la red existente para proyectar estos aprendizajes hacia nuevos territorios y comunidades.

Con el acompañamiento de DVV International y el compromiso de las organizaciones contrapartes y aliadas, estos intercambios demuestran que la agroecología puede ser, a la vez, una práctica de cuidado de la tierra y un espacio de aprendizaje a lo largo de la vida, participación juvenil, diálogo intergeneracional y cooperación territorial. Tras cuatro encuentros, las semillas compartidas comienzan a convertirse en una red viva que conecta experiencias, organizaciones y personas a ambos lados de la frontera.